jueves, 31 de octubre de 2013

MIRAR LAS CIUDADES CON LOS OJOS DE LOS NIÑOS

Obstaculos en la acera
Andar es el modo de desplazamiento básico de todos y cada uno de nosotros. En las ciudades sigue habiendo, incluso, un alto porcentaje de personas que se mueven principalmente a pie porque pueden satisfacer sus necesidades cotidianas más importantes en su propio barrio. Andar representa en general entre el 25 % y el 35 % de todos los desplazamientos en medio urbano, en función del tamaño de la ciudad, de su estructura y de la importancia que tenga la bicicleta.
Los niños son, en su mayoría, peatones «puros» porque frecuentan infraestructuras que, en general, se encuentran bien repartidas en el tejido urbano (por ejemplo, los centros escolares, deportivos y culturales) y viven a la escala de su barrio, donde sus vecinos son también sus compañeros de colegio y sus amigos y donde se encuentran, además, los comercios de primera necesidad a los que pueden enviarles sus padres para hacer algunas pequeñas compras. Cuando miramos la ciudad y el tráfico con los ojos de un niño nos damos cuenta de muchas cosas: tenemos que «hacernos pequeños» (por ejemplo, agachándonos) y olvidar nuestro poder de adultos para empezar a comprender que la ciudad es un campo de minas para nuestros hijos.
A partir de ese momento, resulta evidente, pues, la necesidad de considerar con carácter sistemático medidas tales como prohibir el aparcamiento algunos metros antes y después de cada paso de peatones; acondicionar islotes intermedios en las calzadas para permitir el paso en dos tiempos; instalar semáforos manuales para que los peatones puedan accionar el cambio de la luz en los cruces difíciles o tener en cuenta a los niños a la hora de programar esos semáforos; ampliar las aceras en los cruces y también en los puntos donde se concentra mucha gente, como las paradas de autobús; rebajar las aceras en los puntos de cruce (no sólo para las sillitas sino también para los niños, que pueden montar en bici por las aceras); instalar el mobiliario urbano fuera de las zonas de paso y eliminar de las aceras los postes de señalización destinados al tráfico de vehículos; acondicionar un paso cómodo y seguro para los peatones a ambos lados de la calle incluso cuando se están realizando obras; prever un pavimento confortable, correctamente mantenido, sin oquedades donde puedan formarse charcos; instalar dispositivos que impidan el aparcamiento salvaje y la invasión de la acera por camiones de reparto en los casos en que no haya una vigilancia real para luchar contra este tipo de infracciones; etc.
Las aceras son no sólo itinerarios peatonales sino, además, un espacio para el juego y los encuentros. Así que debemos hacernos unas preguntas:

  • ¿Tienen una anchura proporcionada con respecto a la de la calle? 
  • ¿Están ensanchadas en algunos puntos o se han creado miniespacios públicos para conectarlas con cada calle? 
  • ¿Se han tomado medidas para moderar la velocidad del tráfico de manera que sea posible jugar, sobre todo con la bici, en la calzada sin peligro?
Si miramos las ciudades con los ojos de un niño a la hora de diseñarlas nos beneficiaremos TODOS.