martes, 18 de marzo de 2014

LA BICICLETA. ES UNA CUESTIÓN DE ACTITUD.

Malos modos
Además de conocer las normas de tráfico y contar con las habilidades y conocimientos necesarios para manejar su bicicleta, es muy importante recordar siempre que circular por las calles es un acto de comunicación. Desplazarse en bicicleta es interrelacionarse constantemente con peatones, conductores de vehículos y con ese otro gran ser vivo que es la ciudad. Por esta razón, como en cualquier acto de comunicación, su actitud será la base de las buenas relaciones con los demás; y por tanto está en sus manos hacer de su desplazamiento una experiencia agradable y fluida. Es importante que antes de dar la primera pedalada recuerde algunos principios básicos.
En la calle todos somos iguales. Las leyes de ningún país discriminan los derechos esenciales de los conductores de acuerdo al tipo de vehículo que conducen. Sin importar el tamaño, la sofisticación, la procedencia o el costo de los vehículos, la calle sigue siendo el espacio de la democracia. No olvide esto y adopte siempre la actitud de quien tiene el mismo derecho de circular que los otros usuarios.
Ejercer ese derecho no lo autoriza para asumir actitudes de riesgo, retadoras o irrespetuosas que vulneren los derechos de los demás.
Asuma la responsabilidad
Usted es el responsable de su seguridad y de la de quienes se ven afectados por sus acciones en la calle. Conducir responsablemente no es más que estar atento a los acuerdos de circulación (señales de tráfico; deberes y derechos de peatones, conductores de automóvil y ciclistas) que se han establecido entre los ciudadanos.
Trate de no verlo como una tarea que hay que cumplir o como una obligación que otros le imponen, sino como la manera más práctica e inteligente de moverse por su ciudad. Esto también es un modo sencillo de contribuir a la construcción de una sociedad más amable para todos.
Mostrar confianza
¡Nada de timidez al compartir la calle! Cuando usted está en una vía transitada las actitudes inseguras se convierten en un peligro.
Tenga plena confianza en su habilidad para conducir la bicicleta; y si aún no ha adquirido el suficiente dominio sobre su bicicleta practique hasta conseguirlo, antes de empezar a articularse al tráfico de la ciudad. Recuerde sus derechos y asúmalos.
Siguiendo las normas de tráfico y las recomendaciones de seguridad, no tendrá por qué dudar.
Conduzca despierto
La calle emite señales auditivas, visuales y olfativas, todo el tiempo; señales diferentes a las convencionales del tráfico; señales que informan sobre lo que está ocurriendo en su entorno inmediato. Hay que leer la calle, eso es estar atento a todos sus mensajes. Percibir esos detalles le permitirá, por ejemplo, prever los movimientos de los automovilistas, la aparición por sorpresa de un peatón o los obstáculos en la vía. Si mantiene sus sentidos alertas, su mente concentrada en el presente y atenta al futuro inmediato, evitará malos ratos innecesarios.
Calles amables y una ciudad mas sostenible
Nadie tiene la obligación de ser amable, pero todos tenemos el derecho de ser respetados. Como usuario de la calle usted siempre está en una “negociación” por el espacio. Piense que la cortesía es fundamental para la convivencia y para su seguridad. Muchos conflictos se evitan con el sencillo gesto de la sonrisa. Agradezca con un ademán cuando le dan paso, o ceda el paso con una señal de cordialidad. Estos pequeños gestos de amabilidad hacen más agradable los días, que por sí mismos ya tienen su propia carga de dificultad para cada una de las personas que transitan por la ciudad.
Una mente desarmada
Los espacios públicos, por pertenecer a todos, son también los lugares para la confrontación de intereses, opiniones y actitudes. La calle es el lugar más propicio al conflicto. Contrarrestar la tendencia que tenemos a pensar que todo accidente surge de la mala intención de los otros es un primer paso para desarmar la mente. Quien sale a la calle resentido muy fácilmente encontrará problemas o los generará a partir de simples malentendidos.
El momento del conflicto
Los conflictos de intereses son inevitables en una sociedad en la que todos somos diferentes.
La mayoría de conflictos surgen de la violación de las normas de tráfico por alguna de las partes. Estos errores no siempre tienen que ver con la mala intención de las personas, como tienden a asumirlo las mentalidades predispuestas. Si un error ajeno pone en peligro nuestra seguridad y las consecuencias no son graves, la mejor manera de reaccionar es hacer una llamada de atención civilizada a quien rompió las reglas de juego y retomar nuestro camino con tranquilidad.
Ante el fallo de un conductor o un peatón trate de reprimir la reacción emotiva del instante, producto del susto o la predisposición de quien se siente agredido. Una persona distraída que comete un error no se cuestionará sus acciones si es atacada, sino que justificará su actitud quizás con más violencia.
Un conductor no capacitado tiene la tendencia a pensar que las bicicletas no son vehículos y que por lo tanto las personas que los conducen no merecen el respeto y la consideración que les otorgan las leyes; y un ciclista no capacitado tiende a creer que las reglas de tráfico no fueron hechas para él. Ante una situación conflictiva con un conductor que ha infringido las normas usted puede:
  • Dejar el asunto y continuar por su ruta.
  • Darle a entender que actuó equivocadamente y que de esa manera está afectando a los demás.
  • Acudir a un agente de tráfico.
Si no es posible conseguir un agente de tráfico y la otra persona es agresiva o irrespetuosa no avive la tensión del conflicto con su propia intolerancia convirtiendo un accidente en algo aún más grave.