jueves, 29 de enero de 2015

COMO SE DEBERIAN HACER ALGUNAS COSAS

Los cambios normativos son especialmente necesarios para favorecer el ciclismo urbano y metropolitano, porque es el que mayor impacto tiene en una movilidad sostenible. Esto significa que la normativa estatal básica y las ordenanzas municipales de urbanismo y de circulación deben tener un doble objetivo y hacerlo realidad: 
  1. Garantizar la seguridad del ciclista.
  2. Establecer las condiciones que favorezcan la función social que cumple la bicicleta en pos de una movilidad sostenible y de una ciudad saludable. 
La normativa debería ser común en toda un área metropolitana, no puede ser que municipios contiguos de similares características urbanas, poblacionales y viarias tengan normas diferentes para el ciclista.
La conducción de un vehículo (bicicleta, moto, coche, etc.) supone actitudes (conocimientos/habilidades, sentimientos y hábitos) y valores. Es deseable que se favorezcan los cursillos para aprender a ir y circular en bici, a conocer las normas de circulación responsable y segura. Pero esta educación/capacitación debe ir más allá de cómo manejar un vehículo; debe alcanzar también la elección del vehículo a utilizar en cada desplazamiento, sus impacto ambientales, sociales y económicos.
No es posible (ni seguramente deseable) llenar toda la ciudad de carriles bici. La convivencia entre bici y vehículos motorizados es una necesidad. Para esta convivencia, es condición sine qua non la pacificación del tráfico a motor y dar un amparo físico (diseño de la vía) y legal al ciclista. No es deseable que en las condiciones actuales el peatón deba compartir su escaso espacio urbano (las aceras y otras zonas peatonales) con el ciclista. En la medida en que se ganen calles y zonas para el peatón, éstas deben ser zonas autorizadas a la bicicleta, y el diseño debe contemplar esta peculiaridad, para así no generar hacia la bicicleta las mismas medidas de disuasión que se persiguen hacia el tráfico privado a motor.