martes, 16 de junio de 2015

TEORÍA DE LA ACCIÓN PLANIFICADA.

El uso de la bicicleta en la movilidad de las ciudades está ampliamente justificado por lo que debe ser integrado en las políticas de transporte de las áreas urbanas para lograr ciudades más sostenibles. Aunque está probada su eficacia como modo de transporte, actualmente su cuota en el reparto modal es muy pequeña por lo que se necesitan nuevas herramientas que modifiquen esta situación. 
Las herramientas de Gestión del Cambio presentan gran utilidad. El objetivo de la Gestión del Cambio, es comprender el origen y desarrollo del proceso de cambio de las diferentes actitudes de los ciudadanos. Se trata de identificar aquellos elementos que provoquen un cambio de actitud del usuario, de modo que considere positivamente el modo que se trata de potenciar en comparación con el que utiliza habitualmente.
Uno de los problemas, a la hora de seleccionar un modo de transporte, es que “el hombre es un animal de costumbres”. El comportamiento ante un viaje es más bien el resultado de una combinación de factores, como la formación, los sentimientos personales y las costumbres, más que un proceso racional basado en hechos determinados. 
Actualmente, la mayoría de los estudios relacionados con las decisiones se basan en la Teoría de la Acción Planificada (TPB, en siglas en inglés), propuesta por Ajzen en 1991. La TPB es una teoría que predice el comportamiento, basándose en que éste es planificado. Esta teoría hace especial hincapié en la importancia de las emociones y de las normas culturales en las decisiones. En nuestro comportamiento a la hora de actuar influyen tres aspectos clave: 
  • la actitud que tenemos hacia la decisión que se ha de tomar (relacionada con nuestra experiencia vital), 
  • las normas subjetivas (relacionadas con la cultura y las tendencias sociales) y la percepción que tenemos del propio comportamiento (relacionada con el control que tenemos sobre nuestras propias acciones). 
  • El hábito está relacionado con el último de los aspectos, pero para poder influir sobre la toma de decisiones, debemos prestar también atención a los otros dos, así como considerar también factores ambientales y socio demográficos.
La teoría de Ajzen, por tanto, da un peso relevante al hábito cuando el usuario toma decisiones por inercia, pero relativiza su importancia cuando hay nueva información o cambios en los factores del sistema que hacen que el usuario se replantee de nuevo su decisión. Esto tiene gran importancia desde el punto de vista de la gestión del cambio, pues si queremos vencer la inercia producida por los hábitos en la decisión de no viajar en bicicleta deberemos actuar al nivel de reproducir nuevos planteamientos de las decisiones, bien cambiando la percepción de los factores del viaje que tiene el usuario, o bien, posibilitando un acceso más completo a la información del viaje, mediatizando de esta forma el valor del hábito o la costumbre.
La mayoría de los no usuarios de la bicicleta tiende a preconcebir la práctica del ciclismo como un modo poco efectivo, inseguro y poco confortable. Este tipo de percepción está relacionada con la escasa cultura ciclista y produce unos prejuicios que también actúan en las decisiones a nivel de normas subjetivas no controladas por el usuario. Para actuar sobre ellas hay que trabajar a nivel social y colectivo mediante la educación (campañas escolares, educación vial, campañas de concienciación, etc.), el trabajo en la imagen del ciclista (tratamiento en la publicidad, integración en el espacio público, etc.) y el espacio normativo (adaptación de ordenanzas de tráfico, modificación del reglamento de circulación,
reserva de espacios en edificación, etc.).
Para poder eliminar este prejuicio, también hay que actuar a nivel individual influyendo en las actitudes personales frente a la bicicleta e intentando motivar a las personas para que se decidan a probar la bicicleta en sus desplazamientos diarios. La propia experimentación es la mejor estrategia en este sentido, pues la realización del viaje habitual en bicicleta puede dar una idea real de los beneficios de este medio. El camino deseable para que una persona se plantee utilizar otro modo de transporte.
Hay que prestar especial atención a este proceso, mostrando y mejorando las bondades del modo de transporte que se pretende promocionar. De lo contrario, se corre el riesgo de que el usuario pruebe el nuevo modo con una estrategia incorrecta y el resultado no sea el deseado, provocando la pérdida de un usuario potencial por un largo tiempo.