martes, 24 de enero de 2017

EDUCAR PARA LA CONVIVENCIA.

Ya en la Antigua Grecia estaban convencidos que el hombre mejora su condición humana mediante la educación. Immanuel Kant manifestó que: “Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. 

La Real Academia de la Lengua define, educación: como la acción y efecto de educar, y educar: como dirigir, encaminar, doctrinar. Desarrollar y perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía. La educación es un proceso continuo que abarca toda la vida del hombre y que pone de manifiesto que es posible reeducar. 
La educación vial como educación cívica está encaminada a facilitar la convivencia en nuestra sociedad, inculcando la adquisición de conocimientos, valores, hábitos y actitudes seguras y responsables en relación con el tráfico, para que estas perduren en el tiempo.
En el mundo del siglo XXI, no hay libertad, sin seguridad, siendo la movilidad la expresión más clara de la libertad de movimientos. Por ello, no podemos tolerar que una persona muera o resulte herida en ejercicio de su derecho a la movilidad. 
Pero ¿cómo debe ser esta educación? La educación que imparte Policía Local no se circunscribe exclusivamente al conocimiento de las normas y de señales de tráfico, sino que incide en la adquisición de valores ciudadanos, que tienen que ver con el respeto a los derechos de los demás, en los que el derecho a la libertad está limitado por el derecho a la libertad del otro, el derecho a la vida y a la salud, por el derecho a la vida y a la salud del resto, a la solidaridad, a la justicia, a la empatía, etc. 
En las calles y vías públicas confluimos gran número de personas, compartiendo las vías y los espacios públicos, por lo que para una convivencia pacífica existen una serie de normas sociales que la mayor parte de las personas respetamos y que lo hacemos no sólo por miedo al castigo, sino porque estamos convencidos de que son justas y necesarias para facilitar la convivencia pacífica, mejorando nuestra calidad de vida. Es evidente, que siempre habrá personas que no las respeten, debiendo aplicarles no sólo el rigor de la ley, sino también el rechazo del resto de los ciudadanos. Lo que Jose Antonio Marinas decía en relación con el “bebedor pasivo”, porque estas normas protegen la vida, la salud, etc. Por tanto, debemos tener en cuenta que para dar solución a un problema social que genera inseguridad, como son los accidentes de tráfico, es necesario la implicación de toda la sociedad, porque ésta es una responsabilidad que nos afecta a todos, y por tanto compartida. Cuestión que podría resumirse con el proverbio africano: que para educar a un niño hace falta la tribu entera, todos somos responsables de la educación de nuestros menores. Hay que decir, que la Seguridad Vial y su contraria la Inseguridad Vial, debe ser tratada desde perspectivas globales e integrales, que deben contemplar una serie de medidas preventivas como las que lleva a cabo la Policía Local en su conjunto y que van desde los controles de velocidad y de alcoholemia, a la vigilancia y el cumplimiento de las normas de tráfico, relativas a la documentación correspondiente, al uso del casco y del cinturón de seguridad a los sistemas de retención infantil, al uso del móvil, etc., pero además, en las que debe estar muy presente la educación.