jueves, 16 de marzo de 2017

"AHORA ES SU TURNO"

Los jóvenes, cuando logran librarse del confinamiento infantil y salen de casa sin vigilancia paterna, descubren que la ciudad tampoco les pertenece. Socialmente predomina una imagen negativa de la juventud urbana y eso se refleja en el espacio público que se les niega o se “blinda” a su presencia. Los jóvenes son vistos como incívicos, como desorden o como amenaza. La construcción de la imagen pública de la juventud se ha hecho eco de las noticias que hablan de las pandillas urbanas, del “botellón”, de la delincuencia juvenil o del fracaso escolar y no ha contrarrestado esa información con el hecho de que se trata de la generación más cualificada de la historia, a la que le faltan expectativas y oportunidades. 
En cuanto un espacio es utilizado por jóvenes de una forma no clara o no prevista por los adultos, rápidamente se transforma para evitar su uso: canchas de skate que se sellan, descampados que se vallan, parques o plazas que se transforman para evitar su presencia que incomoda. 
Integrar a los jóvenes supone, antes de nada, reintroducir a la infancia en la vida urbana y favorecer la creación de vínculos tempranos con el entorno físico y social. Por muchas clases de Educación Vial que reciban, si los niños perciben en su piel un entorno urbano agresivo (no hablamos de pandillas sino de atascos de tráfico, incumplimiento sistemático de normas y el predominio del fuerte sobre el débil), es incluso lógico que la irrupción de los jovenes en la ciudad sea difícil y conflictiva porque aprenden lo que ven, no lo que les contamos. No hay más que comprobar los años de seguridad vial a los que se les ha sometido mientras eran escolares y las cifras de accidentalidad juvenil cuando toman el volante y demuestran, tras años de contención, que “ahora es su turno”.